Aquél "Gordo de Rambo"...




Quien fue muy amigo de consumir cine se habrá topado una y mil veces con este rostro.

Sobre todo en los '80 y los '90.

Es que Brian Dennehy, así se llama "el Gordo de Rambo", trabajó a destajo en la "Industria Hollywoodense" por aquellos años.

Luego, sin saber cómo y por qué razón, se lo vió muy poco por la pantalla grande.

Me enteré, al repasar un poco su caso y antes de escribir este artículo, que sí apareció y mucho por la TV de EEUU.

¿Cómo es que me vino ahora a la mente este pintoresco personaje?

Bueno, perdiendo un poco el tiempo por internet me topé con la 61° entrega de premios Tony y acá estaba el bueno de Brian como anfitrión.

Como si esto fuera poco, hacían allí referencia a su participación en la animada Ratatouille en donde presta su voz al personaje Djanjo.

Entonces me dije a mi mismo: "-¡Pero si es el Gordo de Rambo!" "-...aquél que veía hasta en la sopa y que, de repente, no volví a ver jamás.."

Imagino que el sentimiento resultará, para todos los que vimos mucho cine repito, idéntico.

Dennehy trabajó mucho en TV pero sus participaciones en cine no han pasado desapercibidas.



¿Quién no recuerda Gorky Park, Cocoon, FX, Silverado?

¿O la muy buena interpretación (quizás su mejor performance) en la también muy buena "The Belly of an Architect"?

¿O su trabajo en Presumed Innocentet junto a Harrison Ford tal vez?

Y por supuesto... Rambo. ¿Quién no recuerda al Sheriff de Rambo?

Es que este tipo apareció en tantas películas que lo raro era no verlo en alguna.

Viendo días pasados, como dije, su estado actual en la entrega de los Tony no podía dar crédito de que ése vejete calvo, y ya no tan voluminoso, no era otro que Dennehy.



Es todo, simplemente me acordé del "Gordo de Rambo" y no quise dejar pasar la oportunidad de evocarlo desde este espacio.


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¿Qué culpa tiene el tomate?

Tal y como arranca aquella canción entonada durante la Guerra Civil Española me hago la pregunta que lleva por título este artículo...

Es que por estos días en nuestro "Buenos Aires Querido" el "Tema Tomate" está al rojo vivo.

Y no es para menos ya que el kilo del codiciado alimento rojo pasó de unos tres pesitos a unos dieciséis mangos.

Si las matemáticas no fallan hablamos de que se le aplicó un aumento del 433%.

Y el aumento castigó a todos los tomates. Por supuesto que no me refiero a todas las "unidades", claro está, sino a todas sus variantes: "Larga vida", "Perita", "Cherry", etc. etc.

La verdad es que nunca había notado todo lo que significa el tomate en la vida de cualquier porteño.

Es que ahora que cuesta tan caro, y merced al boicot declarado a partir de ayer arengando a los consumidores a no comprar tomates de ningún tipo, uno se da cuenta de toda la falta que hace habitualmente el tomate y de lo poco que se lo considera y pondera.

El último fin de semana, y sin ir mas lejos, caí en la negativa cuenta de lo difícil que resulta la vida sin tomates.

Graficaré un poco el caso...

Todo arrancó el sábado a mediodía cuando comí en familia el consabido asadito de fin de semana y allí tuvo lugar un diálogo como el que sigue:

"-¿La ensalada mixta dónde está?" Pregunté yo.

"-¿Cómo? ¡Con lo caro que está el tomate! Nooo, ¡ni locos! Tomá que te sirvo un poco de 'rusa'..."

Pero el tomate aplaca un poco el fuego provocado por las achuras, sépanlo.

Y hasta ahora que no lo tuve no había reparado en tal noble virtud.

El choripán por dar otro ejemplo...

La otrora barata "salsa criolla", que no es otra cosa que cebolla y tomate cortados bien jodidamente chiquititos, es de características mágicas para acompañar al embutido asado y envuelto en pan de fonda.

Como que contraresta cual sal efervescente la acción maligna del grasoso clásico gastronómico.

¿Y al Bife de Chorizo? ¿Con qué lo va a acompañar uno si no es con una buena "ensalada mixta"?

Porque podrá haber dudas de si le ponemos aceite de uva, de girasol, mezcla o de oliva.

De si usamos vinagre de manzana, de vino o aceto balsámico.

Pero de que la ensalada debe ser "mixta" (léase lechuga, tomate y cebolla) no hay ninguna duda al respecto.

Como medio embroncado por la falta de ensalada acompañando aquél asado vespertino, me encontré con amigos por la noche (a ver boxeo) y qué mejor que ir luego a... ¡una pizzería!

Fue unánime la decisión.

Entonces nos propusimos comer alguna pizza de las clásicas y baratas, como la de muzzarella 'a secas' y una de "línea media" como la "napolitana"...

¡Oh sorpresa!

Claro, la pizza de muzzarella (la pizza común, bah) lleva salsa de tomate. Y la napolitana lleva además rodajas (de tomate, claro) sobre toda la pizza; una por porción mínimamente.

Resultó que estas dos pizzas salían mas caras que otras que históricamente tuvieron precios elevados.

Así que cambiamos el menú original por una fugazzetta rellena, una de provolone y aceitunas negras, y fainá por supuesto.

¡Y nos salió mas barato!

Pero igual, nos quedamos como en falta con algo, carentes del fruto rojo...



Domingo al mediodía suponía el desquite de cualquier porteño ávido de ingerir tomates en alguna de sus variantes.

No es que los porteños estemos "habitualmente ávidos de comer tomates", no.

Sino que basta para que se diga que algo es prohibitivo (o que resulta imposible de conseguir, o hay que viajar kilómetros para dar con lo mejor de algo, etc.) para que los rioplatenses queramos tenerlo y en cantidad.

Sigo...

Decía que mi esperanza se cifraba en la famosa pasta dominguera... No podía fallar.

Seca o rellena, de seguro vendría con salsa filetto o tuco...

¡Pero no!

¡Me cago en los tallarines con manteca viejo!

¡Déjenme de lasagna con salsa blanca!

Este domingo quería unos fetuccinis caseros con bolognesa, pucha digo.

¿Es que no habrá forma de que pueda saborear un tomate por estos días digo yo?

Bueno, no importa, no perdí la fe por entonces.

A la tarde, en Palermo y disfrutando una de 1600 metros de Grupo III de la escala internacional, me acerqué al vendedor de panchos (hot-dogs por si algún gringo lee esto alguna vez):

"-Deme uno súper y una espray" le digo (y ya sé que se escribe Sprite pero se dice "espray" ¿o no?).

"-Póngale mucho kechup maestro" continúo (y también sé que se escribe con "t", pero en este caso es una "t muda").

"-No jefe" contesta el vendedor, "-kechu no hay" continúa, "-¿No vió como subieron lo' tomate'?" "-Y con el tomate aumentaron todo' su' derivado', vea..."

¡Pero me caigo y me levanto!

Pero así fue por estos días. Degustar un tomate (o derivado como dijo el panchero) se convirtió en una misión imposible.

Volvía con el auto buscando alguna fonda, bar, parrilla, etc como intentado el "desquite final".

En un distinguido restó del Barrio de Belgrano, que habitualmente pone en una pizarra en la calle su plato del día, con buen humor e ironía escribieron:

Plato del Día:
Tomates de la granja al
óleo, acompañados por Bife
de Chorizo a punto


Esto terminó de convencerme/resignarme y puse "pies en polvorosa" rajando para casita a hacer ayuno ya que lo único que quería yo era un buen par de tomates cortados al medio, con aceite de oliva y orégano.

El aviso, con su ironía, me indicó que mis intentos eran cuanto menos vanos.

Y es que este fruto está mas caro que el apreciado y clásico corte vacuno señalado en el menú.

Y aclaro que sí es un fruto porque también por estos días, y merced a nombrarlo tanto, muchos porfiaron su condición.

Pero el tomate es el fruto de la "tomatera" (o tomatero), planta americana de la familia de las solanáceas.

Y pensar que hay ciudades europeas en las que se practican cada año guerras "a tomatazo limpio" en las que luego quedan miles de metros de calles regados con jugo y pulpa de tomate.

Bueh, aléjome de aquél pensamiento transatlántico con un suspiro y vuelvo a lo mío. O sea, me voy "para el lado de los tomates" como se dice.

A apenas dos días de iniciado el "Boicot al Tomate", la venta del mismo bajó un 40%.

Pero los precios no.

Lo peor del caso es que no se ven directamente tomates por ningún lado...

¡Obvio que van a bajar las ventas si no hay existencia del producto!

Los indicadores económicos dicen que, igualmente, este problema continuará hasta fin de año.

A mi, lo que me causa bastante indignación es que los productores argumentan la suba en las heladas (aquellas que derivaron en una City Porteña nevada por el 9 de Julio).

¡Pero el 85% de la producción de tomates es en invernaderos!

No jodan che. Se quieren salvar a costillas del tomate que, a todo esto... ¿Qué culpa tiene el pobre?


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Al Maestro con cariño...


Miguel Gila Cuesta, o GILA "a secas" como se hacía llamar y como mejor se le conoció, nació en el andalucísimo barrio de Chamberí un 12 de marzo de 1919.

"-...lo hice de sorpresa, aguanté seis meses y luego nací solo en casa, aprovechando que mi madre no estaba porque había ido al mercado..."

Así decía Gila que había nacido...

Quedó sin padre a temprana edad y por dificultades económicas de su hogar abandonó los estudios a los 13 años para dedicarse a pintar automóviles.

Retomó luego estudios en mecánica de aviación trabajando en los Talleres Elizalde de Barcelona primero y en distintas tareas metalúrgicas y lugares relacionados siempre con la aueronáutica.

Como militante de las Juventudes Socialistas Unificadas se alistó como voluntario en julio del '36 en el Quinto Regimiento de Líster, al estallar la Guerra Civil.

Poco después, en diciembre del '38, cayó prisionero hasta mayo del '39 en un campo de detención de prisioneros de guerra. El mismo en que estuvo preso el poeta Miguel Hernández...

Pasó después por los penales de Yeserías, Carabanchel y Torrijos, para cumplir luego un servicio militar 'obligado' de cuatro años.

Durante el franquismo comenzó su trabajo como humorista gráfico en "La Exedra", revista editada en Salamanca por un grupo de universitarios hacia el año '43 y, más tarde, en "La Codorniz" y en "Hermano Lobo".

El éxito le llegó en el '51 cuando actuó en Madrid improvisando (como "espontáneo" decían por allí y por entonces) en el teatro de Fontalba donde sacó de la chistera un monólogo sobre su experiencia como voluntario en una guerra.

Durante toda ésa década del '50 actuó en la radio y hasta el '68 en que se exilió en Buenos Aires, y según dicen, para huir de una paternidad no reconocida.

Aquí trabajó e hizo también varias giras por toda Latinoamérica. Y desde el '77 también por España, a donde regresó definitivamente en el '85.

Como hijo de españoles en Buenos Aires que soy, recuerdo a Gila en la TV blanco y negro de la cocina de mi casa.

Lo "recuperé" luego a finales de los '80 con la llegada de la TV por Cable y sus canales internacionales en donde pudimos disfrutarlo otra vez por las señales Antena 3 y TVE.

El humor de Gila encontró el modo más frecuente de expresarse mediante monólogos y "diálogos figurados" al teléfono, cuyo costumbrismo ingenuo lindaba a veces con el surrealismo.



"-...pues... ¡Que se ponga!" Solía expresar en voz muy alta e imperativa solicitando que la persona con quien deseaba él comunicarse se acercase al tubo del teléfono.

Jamás tuvo que recurrir a la polémica, al insulto, a la burla. Mucho menos a la vulgaridad. Ni siquiera llegó a soltar alguna vez una palabra subida de tono.

No necesitó ninguno de estos 'malos recursos' Don Miguel para hacer reír y mucho a todo su público.

Falleció en el 2001 en Barcelona a causa de una insuficiencia respiratoria debida a una enfermedad pulmonar crónica que sufría.

Creo que para los españoles todos, y para gran parte de los argentinos que tuvimos oportunidad de disfrutarlo, con Gila se nos fue alguien "como de la familia"...

Desde este espacio quise brindarle este pequeño homenaje.

Donde quiera que esté Ud. Maestro, de seguro arrancará sonrisas a su alrededor. Me quedé corto, quise decir "carcajadas"...



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