Novela (Testimonio)

A veces la vida te sorprende como si estuvieras en una novela, o en mi caso más bien una comedia desopilante, en donde soy la protagonista y me ocurren todas las desgracias hilarantes para alegría del público.

Me levanto a la mañana, es verano pero llueve, el paraguas desde la última tormenta tiene una varilla rota, juro que me voy a comprar otro pero nunca tengo tiempo. Ayer fui a la peluquería plancharme el pelo y hoy hay 97% de humedad!!!, ni les cuento como tengo el pelo. Me lo cepillo para que zafe, trato de salir, manejando el cochecito con una mano y sosteniendo el paraguas con la otra.

Las calles tan bien arregladas de mi barrio me permiten manejar con una ligereza desconocida el carrito y lograr que mi retoño no termine estampado contra la acera. Finalmente llego a destino. Dejo al niño. Salgo. Me olvido la bolsa con comida en el jardín. Vuelvo. Tardan en abrirme y mientras tanto me atacan todos los mosquitos que no habían comido desde el día anterior. Recojo mi bolsa y me voy.

Por suerte el viaje a la oficina es bastante tranquilo, salvo la ocasional frenada del colectivo que hace que me clave el delineador en el lagrimal como una estaca, pero nada a lo que no esté acostumbrada. Llego. Bajo del colectivo. Abro mi herido paraguas y se larga el diluvio universal reloaded. Puede ser??!!!. Me quedo bajo el techo de la parada del colectivo que para lo único que ayuda es para que no se me moje la cabeza porque como llueve de costado estoy hecha sopa de la cintura para abajo.

No me queda otra y tengo que seguir. Por supuesto la vereda es una laguna, pero total, ya estoy toda mojada, que va. Estoy a una cuadra. Qué lindos los ceibos y jacarandá, qué bonitas sus flores y que resbaladizas mierda!!!, me resbalo, hago equilibrio con el paraguas en una mano y con la otra en el aire como si estuviera en una función de circo. Por suerte no aterrizo en el piso.

Subo las escaleras y llego a la oficina y las chicas me preguntan por qué tengo esa cara de orto.

9 comentarios:

El Profe dijo...

Es una constante cuasi obligatoria: Te pasan 500 cosas que hacen que te den ganas de matar a alguien... y al llegar a tu trabajo lo pimero que escuchas es ¡Eh, qué cara! o ¡Qué caripela! u otros afines. ¡Pareciera que lo hacen a próposito!

Si, hoy fue uno de esos días novelosos para mí también. :S
Aguante que ya llegó el viernes.

Mar dijo...

Profe: Gracias por el aliento. Y tiene razón por suerte es viernes!

Fabio dijo...

Me hizo acordar a muchisimos dias en mi Santa fe natal... hay cosas que aunque ¿feas? se añoran igual
gracias por tus habituales pasadas al blog
un abrazo
faBio

Nadia dijo...

Mi llegada al trabajo fue un trastorno: cada vez me levanto más temprano, cada vez llego más tarde. Esperar el bondi durante más de media hora para que lleguen tres juntos y totalmente repletos, para terminar viajando colgada en la puerta.
No es una buena manera de empezar el día, pero hay que ponerle actitud, que eso nos sobra! (Si, para tener actitud, hay que empezar por creérselo!).
Saludos y buen finde!

Mar dijo...

Fabio: Gracias por pasar pero...aunque yo he pasado por su blog, me temo que me confunde con rapote y no nos parecemos empezando que yo soy del sexo femenino y él no. (Lo veo diciendo con razónnn...).

Nadia: Y si actitud, yo le puse, le puse porque sino...buen finde para vos también!

Rapote dijo...

A mi nunca me pasa porque soy el primero que llego al trabajo. Siempre lo fuí. En este y todos los trabajos que tuve en mi vida.

Ni cuando diluvia, ni cuando sufre un inconveniente el transporte llego tarde.

Hago de la puntualidad un culto y no me pregunten por qué.

Y cuando van llegando mis compañeros de oficina les digo: "-¡Qué cara che!"

Jejejeje...
Rapote

no tan iguales dijo...

Mirale el lado amable: en ese contexto, llegar al trabajo es casi una bendición y un alivio seguro.

Mar dijo...

no tan iguales: Está muy bien, eso de verle siempre el lado positivo a las cosas.

Celes dijo...

Yo me compré unas hermosas botas de lluvia porque siempre me mojo todos los pantalones, piso las baldosas flojas, un horror...
Y sabés qué?? NUNCA MÁS LLOVIÓ

Obvio!