El suicidio consciente de Osmar

No es esta la historia de un tipo cualquiera
que una tarde calurosa de domingo
frente al televisor sufre y espera
que den el resultado del partido.


Antes que nada, tres cosas:

I. Yo debía escribir los viernes -así me había comprometido- pero la verdad es que justo los viernes no me inspiran y lo del Draft Blogspot o como se llame no lo desculo. Así que ni bien me surja, escribiré.

II. Como tuvo una repercusión buena -no en cantidad pero si en calidad- mi anterior entrada (leerla aquí) sobre la mitología barrial de los muchachos de antaño y el acompañamiento que hice con un mp3, voy a seguir en la misma tónica. Esta vez con la historia de Osmar, que se nos fue porque él quiso...

III. Esteee... No. Me olvidé. Bueno, a la historia de Osmar (o de su suicidio)...

Osmar era un tipo bien de barrio. Laburante, fanático de fútbol, buen vecino. Y aficionado al Liquore Strega. Era su perdición...

Uruguayo descendiente de italianos, se perdía por el amarillento brebaje.

El tipo se dedicó a la feria. Tenía un chango que instalaba día a día en los distintos lugares en los que este tipo de actividad estaba reglamentada.

Y su puesto era de venta de chacinados, encurtidos y embutidos.

Con el tiempo y gracias a sus habilidades metalúrgicas abandonó la feria para dedicarse a la reparación de changos de feria de sus ex-colegas.

Lo hacía en el amplio parque delantero de su terreno, con soldaduras autógenas y con arco.

Jamás se lo había visto borracho.

Pero un buen día -y nadie sabe por qué- amaneció recostado sobre la reja de su propio terreno, totalmente en copas y con mucho olor a Strega.

Se aficionó al tradicional licor itálico y no hubo forma de sosegarlo de aquel flagelo.

Su señora comenzó -por una cuestión económica ya que el Strega cuesta sus buenos pesitos- a rellenarle botellas vacías con limoncello de fabricación casera (con mucho mas alcohol que el comercial).

Osmar nunca dejaba de jugar su boletita de prode. Todas las semanas estudiaba y apostaba para repasar atentamente los resultados el día domingo.

Siempre estaba entre los 9 y 11 puntos. Muy regular su performance.

La decadencia lo llevó a dejar su trabajo habitual -en realidad se quedó sin clientes, que lo encontraban siempre bebido- y se dedicó, por fuerza, a manejar un remisse.

En ocasión de viajar con el y, reconociéndose hipertenso, me dijo algo mas o menos como esto:

"-...la otra vez estaba meando (él hablaba así) y sentí un líquido caliente en una gamba. Estaba tan borracho que pensé que me había meado encima pero no. Era sangre que me salía de una vena de la mano, porque tuve un tremendo un pico de presión. ¡Mah sí! Un día en lugar de la mano me estalla una vena pero en el cerebro y a la mierda. Me pongo a descansar en serio de una vez por todas..."

Pero no fue así que sucedió...

Tal parece que quiso "forzar" un ataque de presión chupándose 3 botellas enteras de Strega un domingo en el que había comido -se supo luego- todo con mucha sal a pesar del enojo de su mujer y sus siete hijos.

Pero no conforme con ello -y como al parecer no dió resultado- hizo lo que en la milonga "Tres Puntos" su protagonista, quiándose la vida mediante la intoxicación con monóxido de carbono.

Que le dió a las llaves de gas pero sin prender con fuego ninguna, a éso me refiero.

Por suerte buscó un momento de soledad, no como el de la milonga. Pero sí -al igual que en la milonga- dejó su boleta de Prode sobre la mesa con increíbles dos puntos (peor performance que la descripta por Alposta/Rivero).

Se lo lloró poco y enterró rápido al pobre. Su recuerdo queda y sobre todo, cuando alguna boleta de Prode obtiene resultados paupérrimos...

Ahora la milonguita mencionada. Tres puntos, de E. Rivero y L. Alposta en la guitarra y voz del propio Don Edmundo:



(Apaguen primero la musiquita "automática" de abajo porque se les va a hacer una mescolanza bárbara sino).

G3P

3 comentarios:

Chango Glamour dijo...

Qué grande! Me parece que en este blog somos varios los devotos de Edmundo Rivero y su Lunfa Reo. Un placer que se escriba sobre estas historias cotidianas...y escuchar las interpretaciones de Rivero no tiene precio.

Guty dijo...

Pobre Osmar, parecía un buen tipo, lástima que le daba mucho al chupi.

Rapote dijo...

Anótenme entre los devotos máximos de Rivero.

Guille:
Lo del título, en aquello de "suicidio consciente", también es "riveresco" (de acuerdo a la letra de "El Piro")... ¿Lo tituló así por eso o fue mera casualidad?

Saludos,
Rapote