Una plantita

Hoy hace un mes que falleció mi primo Gerónimo. Un accidente en moto, un idiota que se lo llevó puesto al doblar en contramano. Tenía 27 años.

Cuando mi primo era chiquito, le pregunté a mi madrina (tía) si podía darme a Gero y yo le regalaba una plantita. Creo que en ese momento fue mi manera de decirle a ella y a él (que al tener entre 2 ó 3 años no habrá entendido) cuánto lo quería, tanto que estaba dispuesta a abandonar mi condición de única hija y llevármelo a casa.

(Abajo una foto de mi prima, yo y mi primo aupa mio. Mas o menos a la edad que le debo haber hecho el pedido a mi tía. Falta mi otro primo pero no está en la foto porque era muy bebé todavía)



Obviamente, cuando pasan estas cosas vienen los arrepentimientos, las culpas, los por qué no habré dicho o hecho aquello o lo otro y no estoy exenta, me arrepiento de no haberlo abrazado más y de no haberle dicho cuanto lo quería y de haberme enojado por pavadas.

Siempre pensé "no hay mal que por bien no venga" y en todas las situaciones malas logré entenderlo, ante la muerte cuesta, pero siempre hay una lección por aprender y la mía esta vez es: apoyar a mi familia, decirles que los quiero y saber entender que al menos pude tener un primo millo y bardero, galancito y leche hervida como yo (éramos muy parecidos) y sólo me consuela saber que en algún momento lo voy a volver a ver.